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Fecha de publicación: 11/06/2008
Entrevista al sociólogo Alain Touraine publicada en el Mundo
«Un pueblo debe poder expresar su opinión sobre su futuro»
«Entre el Estado a la francesa' y el federalismo extremo, como el de Estados Unidos, existe un espacio inmenso para la soberanía compartida»
ALAIN TOURAINE, Sociólogo de la Escuela de Estudios Superiores de París
Alain Touraine
Alain Touraine

PAU BLASI


BILBAO.- Alain Touraine (Hermanville-sur-Mer, Francia, 1925) está considerado por algunos como se1 decano de los sociólogos". Estos días se encuentra en Bilbao con motivo del III Congreso Internacional de Derechos Humanos, donde ayer impartió la ponencia inaugural. Ante un centenar de expertos internacionales, Touraine apeló a La "ambivalencia" para solucionar los problemas identitarios en los diferentes sociedades. "Hay que buscar la solución no satisfactoria para nadie, pero no insoportable para la mayoría" declaró.


P.- ¿En qué consiste este concepto de la ambivalencia?


R.- Nos encontramos en un mundo globalizado, donde hay realidades que son no determinadas socialmente y, por otro lado, de subjetividades, de culturas. Ya no podemos resolver los problemas en términos de progreso, de unidad nacional o de religión. Hay que aprender a no poner lo bueno contra lo malo, sino a buscar una combinación que nos permita perder lo mínimo posible por ambos lados.


P.- ¿Por ejemplo?


R.- Cuando se pregunta si es mejor que las mujeres vayan a trabajar como los hombres o que se queden en casa para encargarse de los niños y la familia, todas las mujeres dicen que ni una cosa ni la otra. El problema es combinar y eso significa aceptar sacrificios por ambos lados, limitar lo más posible los sacrificios, pero hay que hacer sacrificios para combinar las dos cosas. Pero lo peor de todo es no combinar. El problema es cómo combinar la cosa con el precio menos alto posible por ambos lados.


P.- ¿Y cómo se consigue esto?


R- Lo importante es combinar el universalismo de los derechos humanos con la pluralidad de las culturas, Yo no puedo llamar modernidad, por ejemplo, al mundo chino, porque hay racionalidad, pero no hay derechos humanos. Hay que aceptar todas las diferencias.


P.- ¿Es aplicable este análisis a las relaciones entre regiones?


R.- Es la misma cosa. Tenemos la imagen de un Estado a la francesa y, por otro lado, tenemos la idea de un federalismo extremo, como Estados Unidos o como se habla a veces para Europa, Los estados a la francesa están bien con la condición de que acepten el pluralismo interno, por ejemplo, a nivel el lingüístico.Si hay un sistema federal, está bien con la condición de que haya comunitarismo pero entre los dos existe un espacio inmenso de soberanía compartida.


P.- Eso es precisamente lo que piden algunos nacionalistas en España.


R.- Creo que ni los catalanes ni siquiera los vascos quieren la independencia.No es ése el problema, sino buscar la mejor manera de organizar la soberanía compartida.Un pueblo tiene que tener derecho de conocer sus opiniones por referéndum.Un referéndum no es una ley, no obliga a un Gobierno. Conocer el espacio más grande posible me parece positivo, sin quitar a la otra unidad política, como España, la capacidad de defender sus intereses. Ahí se puede encontrar un acuerdo.


P.- ¿Tiene esto cabida en la Europa actual?


R- No veo gran problema. Hace años hubo unos esfuerzos para crear un tipo de patriotismo, de conciencia europea. Fue un fracaso total. Europa es un tipo de organización administrativa, socioeconómica. Todo el mundo acepta la necesidad de eso, porque hay un mercado mundial, pero la subjetividad cultural también hay que tenerla en cuenta. Si Europa misma no es una civilización como mundo político, económico, social y cultural completo, no creo que Europa pueda imponer soluciones que son más extremas de las que funcionan dentro de los países. Europa puede ser, más bien, un elemento de moderación.


P.- ¿Cree, por tanto, que cabrían fórmulas de relación diferente dentro de la UE?


R.- La UE no puede entrar en  una intervención que sea considerada agresiva. Al contrario, las normativas europeas son de tipo general. El ideal es llegar a la igualdad de todos en el caso más grande posible y es contradictorio en el caso de apoyar la particularidad de un país de tal manera que este país se separe más o menos de otro. Lo  que hay que asegurarse es que un pueblo tenga todas las posibilidades de expresar su opinión a través de las elecciones, o lo que sea, sobre su propio futuro. Seria un error pensar que Europa es un instrumento para crear más separación. La gran idea de Europa es integrar todas las poblaciones, pero también integrarlas con el máximo de derecho político o de defensa cultural posible. Que en el País Vasco o en Cataluña progrese el idioma nacional me parece perfectamente de acuerdo con las ideas europeas.